INTRODUCCIÓN

Un acuerdo colectivo que hemos contribuido a tomar, y en el que hemos expuesto libremente nuestro disentimiento o nuestro asentimiento, no nos violenta como el capricho o la arbitrariedad de un poder personal y despótico. Y si la rebeldía nos lleva a manifestarnos contra la imposición de la mayoría, la razón debe llevarnos, como anarquistas, a defender la economía o el interés general amenazado. Dista esto mucho de la repugnancia instintiva que sentimos hacia una ley o un reglamento para cuya redacción nadie nos pidió parecer.

 Isaac Puente