En TenejapaEl "campamento guerrillero" era un centro de artesanías Jesús Ramírez Cuevas
Navil, Chiapas, 15 de mayo. Por la mañana, armados hasta los dientes, a bordo de transportes militares, cientos de soldados arribaron a la comunidad de Navil, ubicado a 15 kilómetros del centro de Tenejapa. Su objetivo era encontrar un supuesto campamento guerrillero. Para cumplir con las órdenes que les dio el gobierno, los militares ocuparon un día la comunidad, interrogaron a sus habitantes, golpearon y amenazaron a algunos. Además catearon las casas de los alrededores y robaron comida y pertenencias de varias familias indígenas. Pero en lugar de desmantelar un campamento insurgente, los soldados destruyeron y saquearon un centro de artesanías de las bordadoras indígenas de la región y de paso robaron y saquearon cuatro casas más y una ermita. Aprovechando el gran despliegue policíaco-militar ordenado por el gobierno estatal con el propósito de capturar ladrones de autos y decomisar carros robados, más de dos mil elementos del Ejército federal, de la policía de Seguridad Pública y de la judicial estatal y federal -en 80 vehículos militares y camionetas- incur-sionaron en 9 comunidades del municipio de Tenejapa, incluyendo la comunidad zapatista de Navil. En esta comunidad habitan unas 150 familias, la mayoría simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), quienes sobreviven sembrando maíz y frijol en las pedregosas tierras. Algunos salen a trabajar o a vender artesanías a la ciudad para completar el gasto.
A las 8 de la mañana 10 camiones del Ejército llegaron a Navil después de traspasar un estrecho camino de piedras. Los soldados descendieron de sus vehículos y se desplegaron entre las casas. Interrogaron a cuanta persona encontraron. El grupo más numeroso se dirigió directamente a un solar arbolado situado cerca de una ermita, rodeado de casas. Copando la loma y los alrededores, los militares se dirigieron a la ermita y de ahí se introdujeron en un predio arbolado donde los indígenas, dicen, construyeron un centro de artesanías para las bordadoras de la región. Alrededor del supuesto campamento y de la ermita, los soldados catearon varias casas. Amenazaron gente, interrogaron y retuvieron varias horas a 4 campesinos, a los que acusaron de ser zapatistas. De las casas se llevaron dinero, ropa, comida, grabadoras, una televisión, un refrigerador. El sitio es un paraje arbolado de encinas y pinos. Alrededor de una hondonada, los indígenas construyeron unas casitas hechas de tabla para instalar un taller con un gran telar para hacer cobijas y alfombras. Las pequeñas habitaciones funcionaban como dormitorio, comedor, había regaderas y letrinas, así como un pequeño dispensario médico habilitado como clínica comunitaria. En ese lugar, según la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), los militares encontraron su "campo de adiestramiento de guerrilleros" donde supuestamente incautaron cuatro rifles calibre 22, 104 cartuchos útiles, seis equipos de radio de banda civil, códigos y claves de comunicación, equipo de cirugía y medicamentos, publicaciones del EZLN y algunas botas. Las mujeres del lugar desmintieron esa versión. "Aquí no era ningún campamento ni había armas", di-ce una joven indígena que vive en la casa contigua al lugar. Acompañada de otras mujeres, ella explica: "Es un centro de artesanías donde vamos a montar un telar grande que construimos las artesanas de varias comunidades. Ahí teníamos hortalizas, un comedor, un taller y una pequeña clínica". Interrogaron, a-menazaron, saquearon y se llevaron todo, hasta las letrinas... Cuando vio venir a los hombres vestidos de verde y ar-mados sobre ellos, doña María Guz-mán Entzín, tuvo miedo. "Cuando vi que los ejércitos venían, agarré a estas tres niñas y nos fuimos corriendo hacia el monte- cuenta la anciana en tzeltal, mientras una a una va abrazando a las pequeñas-; pasamos todo el día y la noche escondidos. Sufrimos mucho, no comimos nada todo ese tiempo, las niñas lloraban de hambre y de miedo". Rodeada de sus nietos, doña María muestra una pierna que se lastimó en su huida. "Los soldados caminaban apuntando con sus armas, interrogaban a los indígenas que se encontraban a su paso, les preguntaban si sabían dónde estaban los zapatistas y si conocían al obispo Samuel Ruiz", dijo la muchacha que vestía un suéter de tela y una falda tradicional. "A las 10 de la mañana llegaron otros 24 camiones, la mayoría eran soldados, pe-ro también había policías de Seguridad Pública y judiciales estatales y federales. Entre todos se llevaron el frijol, el maíz, las ollitas de la cocina, el comedor lo destruyeron. De la clínica se llevaron el autoclave y quemaron todas las medicinas. También se llevaron un refrigerador y una televisión. Las artesanas habíamos comprado todo eso". "A su paso, los ejércitos dejaron ropa tirada, ollas rotas, platos hechos añicos, maíz y frijol tirado en el suelo. Se llevaron cinco mil pesos, ropa, papeles de la gente -actas de nacimiento, certificados de escuela, identificaciones-, herramientas. En la tarde, se metieron a mi cocina y se comieron todos los huevos y refrescos que teníamos", se queja la joven. A Nicolás Pérez y a su nieto Nicolás de 17 años, "los agarraron, los amarraron y los subieron a los camiones", relata la muchacha. "A Juan Gómez Sántiz de 18 años, los soldados lo secuestraron. Lo llevaron a la escuela, le pusieron un pasamontañas, un arma en las manos y le tomaron fotos y película. Luego lo subieron a los camiones", añade. A las 2.30 horas llegó un helicóptero que aterrizó en la escuela. "Ahí se llevaron los tubos, el refrigerador, el equipo médico, hasta las letrinas cargaron". En su inspección por las casas de los indígenas, un soldado interrogó a la muchacha: -¿Conoces a Samuel Ruiz?- inquirió el soldado. -Le dije que no- cuenta la mujer. -¿Conoces a los zapatistas?- volvió a preguntar. -Le dije que no- insistió. -Pero si ustedes son zapatistas- acusó el militar. -A esos sólo los conozco en televisión, en las películas y en el periódico- añadió la indígena. El militar continuó su interrogatorio: -¿Dónde están las armas? -No hay, porque no es cierto lo que dicen- respondió la mujer. "En ese momento agarraron a mi abuelito y a mi hermanito. Les dije a los soldados suéltenlos por favor, ¿a poco les encontraron armas?", sostuvo. -No pues, no vamos a hacerles nada. "No se llevaron a nadie, pero lo quemaron todo y nos dejaron sin maíz y sin frijol a cuatro familias". En el recorrido por las casas, María nos muestra un baúl de madera: "Aquí teníamos el dinero, se llevaron cinco mil pesos y todos los papeles. Hasta una biblia robaron. Se llevaron ropa nueva y las actas de nacimiento. De una casa hasta el medidor de luz se llevaron". En la pared de su casa, aparece un dibujo infantil de un zapatista con pasamontañas con un letrero: "Subcoman-dante Marcos. EZLN". Recuerda con ironía que al verlo, el soldado le preguntó: "¿Y ese dibujo? ¿Quién lo hizo?". -Mi hermanito- le dijo la muchacha de trenzas. -¿Y por qué lo hizo?-. -¿Acaso está prohibido dibujar?, ¿a poco no se puede?- respondió la indígena. -No pues, sí se puede- aceptó el militar. -¿A donde se fueron los zapatistas?- preguntó el soldado antes de retirarse. "Pero después acusaron a mi papá de ser dirigente zapatista". Los soldados se fueron a las cinco de la tarde, pero antes rompieron la puerta de la ermita, se metieron, voltearon las bancas y maltrataron las imágenes. En el comedor de los catequistas rompieron los platos de vajilla. "Tenemos miedo de los ejércitos, los niños, las mujeres no queremos que nos vengan a molestar. Nadie pidió que vinieran, solitos llegaron, pero no los queremos aquí. "Dicen que van a volver para instalar un campamento militar", dice triste doña María, quien permaneció en el suelo todo el tiempo, sobando la pierna lastimada.
Rodolfo Soto Monzón, procurador chiapaneco, informó que el operativo se realizó para decomisar autos robados y detener a una banda de robacoches, entre ellos el exalcalde priísta Sebastián Sántíz Luna. En el operativo fueron detenidas 30 personas -entre ellas Sebastián Sántiz Luna, exalcalde priísta- y que fueron decomisados 167 vehículos "de procedencia y pertenencia dudosa". En la operación en la cabecera municipal también fueron confiscados 6 rifles y 2 pistolas calibre 22 y así como mil 400 cartuchos 22 útiles. Hay tensión y temor entre los habitantes de la región por las incursiones del Ejército federal y de la policía. El gobierno está violando la Ley para el Diálogo al incursionar en comunidades simpatizantes zapatistas. En respuesta al operativo policíaco y militar en ese municipio, representantes de comunidades indígenas que apoyan del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) condenaron lo que llamaron "la estrategia de guerra" que lleva a cabo el gobierno estatal y federal en contra de las comunidades indígenas rebeldes. Los representantes indígenas zapatistas del municipio autónomo de San Andrés Sacamchen denunciaron que la operación de ayer ordenada por Roberto Albores Guillén, gobernador chiapaneco, "apoyado por el presidente Zedillo", fue "para detectar y desmantelar posiciones del EZLN, para aterrorizar y rendir a las comunidades y municipios simpatizantes del EZLN". "Cuando el gobierno más habla de diálogo y de paz, es cuando más busca la provocación y la violencia a través de policías de seguridad pública, soldados federales, grupos paramilitares y autoridades municipales priístas", afirmó el comunicado firmado y sellado por el ayuntamiento rebelde de San Andrés, que fue sede de las pláticas de paz suspendidas desde hace 20 meses. Los indígenas zapatistas pidieron la intervención de la Comisión Nacional de Intermedia-ción y de los Centros de Derechos Humanos para que "vigilen la violación de los derechos humanos de los pueblos indígenas". El documento de la bases zapatistas denuncia que las comunidades de Tenejapa "están en este momento aterrorizados y perseguidos por el Ejército federal y la seguridad pública. Las comunidades de ese municipio que sufren con más fuerza el hambre y la miseria, en lugar de mandarles alimentos para que sobrevivan, el gobierno manda muchos soldados y policías con armas y tanques de guerra para destruir y robar.
| TIEMPO #73 Que informa y orienta Del 1 al 7 de junio 1998 |
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